Encuesta: “Don Chatarrin”, o estrategias de PR ante un presidente que le hace bullying a un empresario
“Don Chatarrín de los tubitos caros”: Javier Milei dejó boquiabiertos a los argentinos, pero especialmente en el mercado de la comunicación corporativa y los asuntos públicos a muchos se les cayó la mandíbula al piso cuando -innecesariamente- el presidente argentino usó las redes sociales para insultar gratuitamente al empresario Paolo Rocca, presidente de Techint, una de las pocas empresas líderes de la Argentina con negocios en casi todo el planeta.
Para agravar las cosas, al día siguiente Milei directamente lo acusó de “golpista” y conspirador contra su gobierno porque habría apostado en su contra luego de la derrota electoral bonaerense de septiembre del año pasado.
En ninguno de estos casos, el Presidente aportó pruebas concretas que demuestren la justificación de semejantes agravios personales contra el CEO de Techint.
Un par de datos:Milei se refería a una controversia estrictamente entre privados por la polémica en torno a la licitación de los caños para un gasoducto del yacimiento de Vaca Muerta al mar en la provincia de Río Negro: el consorcio Southern Energy -formado por YPF, PAE, Pampa Energy, la noruega Golar y la inglesa Harbour Energy- terminó adjudicando la provisión de caños a la india Welspun, que ofreció un precio 40 por ciento menor que la primera oferta de Techint.
El grupo Techint anunció -después de contraofertar- que evalúa una denuncia ante la Justicia por dumping argumentando que la empresa india usaría chapa china subsidiada
Lo que está en juego es la disyuntiva de bajar costos abriendo el mercado a competidores extranjeros o mantener -como hacen muchos países- una predilección por la producción y la mano de obra nacional, cuando ésta genera más valor agregado local: Techint los produce en una planta en el Conurbano y no solo paga sueldos, sino las altas cargas sociales más las altas tasas e impuestos nacionales, provinciales y municipales.
El debate es apasionante desde el punto de vista de la estrategia económica y tiene “argumentos” de los dos lados: hay sectores industriales protegidos en la Argentina que el Presidente prometió en la campaña dejar de proteger y con bastantes motivos: la “industria” de “tecnología” en Tierra del Fuego -por ejemplo- no solo no aporta valor agregado, sino que resta, porque exige una protección altísima que los argentinos terminan pagando con los precios más altos del mundo en celulares, electrónicos, computación y electrodomésticos que jamás se podrán fabricar competitivamente en el país. Algo similar ocurre con la industria textil: solo con alta proteccion puede vender prendas caras y de inferior calidad manteniendo cautivo al consumidor argentino que no tiene recursos para viajar por el mundo.
Otros sectores -en cambio- están en condiciones de bajar sus costos y mejorar su eficiencia y pueden tener ventajas competitivas, si el gobierno contribuye bajando impuestos o adaptando las reglas de juego para que puedan volverse más competitivos.

¿Podría ser Techint uno de esos casos? La empresa de los Rocca es competidor a nivel global en la producción de caños para gasoductos que instala en todos los continentes ganando licitaciones ¿es un caso comparable al de los celulares ensamblados en Tierra del Fuego? Puede un país de 50 millones de habitantes con una Población Económicamente Activa de apenas 48 por ciento, de los cuales millones viven de planes sociales, del empleo público o de trabajo informal (en Chile, la población activa supera el 60 por ciento y está formalizada), darse el lujo de sacrificar a toda una industria que demostró capacidad para competir a nivel mundial? ¿Falta una visión estratégica de a qué sectores debería apostar la Argentina para no depender exclusivamente de la exportación de productos primarios? ¿El estado no tiene ningún rol en desarrollar esa visión estratégica para el país?
Techint, al reofertar, demostró que estaría en condiciones de ser más competitiva, pero al final el consorcio mantuvo la propuesta india. ¿Pero el presidente atrae inversiones cuando se burla en público de uno de los empresarios más emblemáticos que tiene el país?
Esa fue una de las preguntas de un sondeo express al sector de profesionales de PR y Asuntos Públicos al que contestaron 78 panelistas, y la síntesis es contundente: para dos tercios es inadmisible o cuestionable que el Presidente se burlara de Paolo Rocca y solo para menos de la cuarta parte la burla fue algo “divertido, como parte del estilo Milei”.

Milei no desaprovechó la oportunidad para burlarse -de paso- de la periodista Sofía Diamante, que escribió la nota en el diario La Nación que describió el episodio, y la llamó burlonamente “carboncito”: sólo para el 12 por ciento la burla sonó a una acción “simpática” y que “los periodistas deben aguantar que se los critique”.
Por el contrario, para el 45 por ciento es “dudoso”, porque un presidente puede refutar o disentir, “pero manteniendo el respeto”, mientras que para otro 38 por ciento, directanebte es “inadmisible que un presidente se burle de un periodista”.
Pero más allá de las anécdotas de un mandatario que para las elecciones de medio término pareció abandonar el “estilo patotero” que lo caracterizó en la primera mitad de su mandato y que ahora volvió a ser “el Milei de siempre”, el debate encierra una disyuntiva clave para la comunicación de las empresas industriales: “industria nacional vs. apertura indiscriminada”.
La pregunta central es cómo deben las empresas industriales nacionales plantarse ante la opinión pública ante este dilema que la Argentina lleva décadas resolviendo muy mal, un día para un lado y otro, para el otro.

Por lo pronto, el panel de 78 profesionales de comunicación y asuntos públicos cree por abrumadora mayoría que el relato “industria nacional”, que durante décadas dominó el debate público en la Argentina, no tiene más arraigo -por lo menos por ahora: solo el 5 por ciento cree que esa narrativa es hoy influyente. Un cuarto cree que, “si Milei ganó, es porque su discurso de apertura caló, y la defensa de la mano de obra es menos relevante en la opinión pública que el precio”.
Pero para la gran mayoría (63 por ciento), no se trata ni de precio ni de defensa del trabajo nacional, sino que “la gente quiere comprar más barato, pero es sensible a la industria local”.
Uno de los participantes fue muy sintético: “Ni uno ni otro, la gente quiere comprar barato hoy. Pero las necesidades de la gente mutan, y cuando la crisis de empleo se agudice, pedirá empleo.”
Otro sostuvo que “no es industria con cerrazón, o apertura sin industria: es desarrollo integral inteligente, potenciando lo existente, limando las deficiencias. No es motosierra, es láser”.
Finalmente la pregunta clave: qué hacer desde el punto de vista de la estrategia de comunicación y lobbying.

Los panelistas tenían dos opciones para optar como preferidos entre siete alternativas. La más votada -y por lejos- fue “mantener perfil bajo y no contestar para no avivar la controversia política”, algo que desde Techint pusieron en práctica. Pero luego sigue “sumar a toda la industria nacional para defender a sectores desprotegidos” y por último “tratar de llegar al presidente Milei y sus allegados para explicar y calmar los ánimos”.
Pregunta de la redacción: ¿esta opción tiene sentido, cuando lo que busca Milei es perfilarse como “bully” y convertir a Techint en su “chivo expiatorio”?
Otros panelistas opinaron que lo mejor sería optar por “poner de relieve la importancia del desarrollo industrial, que es lo que se está dando en gran parte del planeta, a contramano del plan primarizador en vigencia”.
Mucha coincidencia también con esta visión: “Visibilizar su problemática desde terceros afectados. Lo que le ocurre a Techint es lo mismo que les ocurre a cientos de PyME industriales. Los utilizaría a ellos de voceros para fortalecer la posición. En el On the record, daría por terminada la controversia”.
Otra pregunta desde la redacción: ¿Milei quiere dar por terminada la controversia, o solo se frenaría si le muestran encuestas que indiquen lo mal que le queda ese comportamiento patotero entre los votantes?
La última edición del índice de confianza en el gobierno de la Universidad Di Tella estaba marcando en enero que la recuperación del último trimestre del año pasado ya habría llegado a su fin.

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